martes, 21 de febrero de 2012

A long time ago...

Cuando crees que has conseguido un control total sobre tu mente, que tú dominas tus necesidades, que te crees independiente del todo… Te das cuenta. Y lo sientes. Como estar de repente en una habitación vacía, sin límites, no ves ni las paredes, ni el techo, ni siquiera el suelo.

Ves espacio. Ves vacío.

Ves nada. Ves nadie.

Y agitas la cabeza, y dices no. Esto no es síntoma de madurez, crece de una vez, no necesitas a nadie. Pero claro que no es síntoma de madurez. Es síntoma de humanidad.

Porque debajo de todo ese hielo, hay un fuego que necesita salir, que necesita un empujón. Una hoguera que le diga vamos, yo te necesito, el frío no me sirve. Alguien que le derrita y le haga explotar, pero poco a poco. Que ya sabemos cómo va esto.

Porque vivimos para cumplir nuestros sueños, pero nosotros solos no somos nadie delante de la inmensidad del mundo. Nadie puede cambiar ni un trocito de él sin ayuda, nadie es capaz de sobrevivir a todas las adversidades en soledad sin volverse loco.

Es lo que nos mantiene vivos. Lo que nos mantiene cuerdos.

El placer por la soledad tiene fecha de caducidad.

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