Tener un día entero para no hacer nada hace que las 24 horas sepan a mucho.
Y pensar que a partir de mañana intentaré sacar tiempo de donde no lo hay...
Una tarde de guitarra, de Extremoduro, de mucho Standby.
Una tarde de piano, de Yiruma, de River flows in you.
Una tarde para mirar toda la música que llevaba escondida casi un año en una carpeta, dentro de otra, dentro de...
Hasta que sonó el teléfono, y no te queda más remedio que contestar. Conversación inútil, reglamentaria, lo justo.
¿Sabes qué pasa? Que cuando llevas horas evitando pensar en nada que no seas tú, cuesta un poco volver a la realidad y entrar en ese juego que supone preocuparse por los demás.
Ducha. Y piensas en lo que llevas tiempo intentando cambiar, y no consigues hacerlo.
Mañana será el día, te dices.
Y será mentira, y seguirás sin encontrar esa fuerza de voluntad que necesitas para cambiar lo que más odias. Esa chispa que te falta para tener orgullo por cómo eres.
La fuerza de voluntad... Creo que es una de las cosas más importantes en la vida.
Fuerza de voluntad la de esa persona que se mira al espejo, ve lo que no le gusta y decide cambiarlo, porque sabe quién quiere ser.
No es traición de principios, es autocrítica. Constructiva.
Fuerza de voluntad la de esa persona que podría entretenerse con mil cosas, pero decide ponerse delante de un libro porque tiene un sueño que quiere conseguir.
De hecho, lo conseguirá.
Fuerza de voluntad la de esa persona que se pone delante de quien quiere y le da igual la respuesta, aún así le dirá sí, te quiero, ¿qué pasa?
Hay que mirar a los ojos, si no, no vale.
Porque así funciona esto. Se trata de luchar por lo que quieres. De saber dónde serás feliz.
De iniciativa.
De esfuerzo.
De fuerza de voluntad.
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